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16 febrero 2011

Sin noticias del conejo

Hasta el conejo ha desaparecido entre los papeles de unos y las entretelas de otros. No sé qué candoroso animal van a sacarse ahora de las chisteras los “responsables” de la política andaluza para seguir ofuscando a ciudadanos que luchan a diario para salir adelante en medio de una crisis que, en razón de su conservación del poder, le ocultaron con mentiras que ahora se cobran sus intereses. Es difícil, muy difícil, entender con otra lógica que la del desprecio de los necesitados de nuestra solidaridad el hecho, probado ya ante la opinión pública, de que una parte nada insignificante del dinero destinado a “liquidar” empresas públicas andaluzas en razón de su “escasa rentabilidad” sirviera para untar a correligionarios y familiares cercanos al partido del gobierno, en forma de prejubilaciones o indemnizaciones de desempleo, cuando no desempeñaron cargo alguno en tales empresas. Los que hicieron la crítica “progresista” de la privatización de lo público entendieron rápidamente que lo más progre era llenarse los bolsillos a costa de sus compatriotas. Lo más avanzado, ¡que cada cual tuviera su concepto de la decencia! La prestidigitación no les vale ya. Ya no pueden distraer a unos ciudadanos que han tenido que crecer entre mentiras, sin perder de vista el objetivo: luchar, cada cual desde su sitio, para que la desvergüenza no sea la actitud corriente en la manera de gobernar. 

23 enero 2011

12000


Es el precio diario en euros que nuestros representantes territoriales han puesto a la posibilidad de entenderse con sus colegas de aquellas comunidades autónomas en las que el castellano es lengua cooficial. Es curioso que el 00 signifique en el argot lotero la muerte. Curiosa coincidencia no exenta de valor poético. La representación democrática agoniza de sentido común –lo que como mínimo se le exige a un representante del pueblo-, para crecer en sentido oligárquico, sentido de casta de aquellos que se creen diferentes porque hace tiempo consideraron lo público su negocio privado. Hace poco ya nos daban otro aviso más vergonzoso si cabe: ellos defendían, porque eran distintos, poder jubilarse a los sesenta y cinco, al tiempo que pretendían persuadirnos de que en virtud del interés público y del futuro de la organización de la solidaridad, el resto de los currantes nos jubilemos a los sesenta y siete. La desvergüenza no tiene ya tapujos. No se trata de delito, no. No se apropian indebidamente de nada material, pero sí pretenden capitalizar el sentido de lo público con su interpretación oligárquica de los derechos sociales. Me preocupa, como a muchos, que ocurra aquí y ahora. Pero me preocupa más entender cómo hemos llegado hasta aquí. ¿Cómo en tan sólo treinta y cinco años hemos perdido el espíritu de nuestra transición: aquel que presidió la lucha contra la peor oligarquía de nuestra historia reciente? ¿Cómo hemos perdido ese olfato para detectar el interés privado detrás del discurso del interés público? ¿Será porque hemos confiado a otros lo que debemos cuidar por nosotros mismos: el valor de nuestro trabajo y el sentido de nuestro destino? 

12 enero 2011

La posibilidad de salvarnos

Escribo bastante lejos de las áreas calientes. Nada más fácil cuando, según la estadística, la vida no corre peligro. Claro que si aplicamos la también fácil “razón” de que el terror no conoce fronteras, podemos vernos de golpe solidarios “a distancia” de aquellos que han sido golpeados por las balas o la metralla. ¿Podremos ir alguna vez más allá de un “simbólico y resignado” ponerse en lugar del otro? ¿Era esto lo que la democracia moderna nos tenía reservado? ¿No consistirá la salvación de los hombres en evitar que la democracia engulla el dolor de aquellos que no eligieron sacrificarse? Mi amigo Tomás Valladolid ha defendido la tesis, nada políticamente correcta, de la presencia en las aulas no sólo de testimonios de las víctimas, sino de terroristas arrepentidos. Así podríamos evitar entre los jóvenes el arraigo del terror y de los terroristas como mitos que sólo invoquen para su destrucción una violencia mayor. Estoy con él.

08 diciembre 2010

Claude Lefort (1924-2010) In memoriam


Es difícil despedirse de quien te ha enseñado a no cerrar los ojos ante lo real, con quien has aprendido a distinguir lo simple de lo complejo en la vida del pensamiento, de aquel que te ha mostrado la parte más recóndita, quizá inasible de todo pensar, de aquel que te ha enseñado a no ceder a los cantos de sirena del poder, que prometen la felicidad y la paz, de aquel, en fin, de quien durante estos últimos veinte años me he considerado uno de sus discípulos.